Caos nocturno

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Miro el reloj: Las 5:54 A.M. La fiesta se ha prolongado más de lo previsto y mi cuerpo pide a gritos unas horas de descanso urgente. Mis piernas flaquean y todo mi yo tiembla. Estoy al límite. A duras penas, consigo que la llave entre en la cerradura de casa y abro la puerta con el máximo sigilo posible para no despertar a los demás. Al encender la luz del pasillo y notar el silencio inundando cada rincón no puedo evitar suspirar mientras me dirijo hacia el baño. Una vez allí, mojo mis manos para empapar mi cara y me miro en el espejo. Ahí estoy. Solo, aunque hay mil cosas que me acompañan y delatan mi estado físico: un terrible dolor de cabeza, el olor a humo impregnado en mi ropa, el molesto pitido en los oídos por haber estado escuchando esa música infernal durante toda la noche, la angustia vital por haberme pasado un poco más de la cuenta con el alcohol, la huella de un pintalabios en mi cuello, el shock de haber visto cómo una ambulancia se llevaba a un amigo semimuerto por un más que posible coma etílico.

Guiado más por el instinto que conlleva mi condición de ‘humano’ que por el instinto de ‘persona’ me apoyo en el lavabo y las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos. Y sólo en ese momento me permito no ser fuerte y me desplomo sentándome en el suelo y reprimiendo mi grito tapándome la boca con la mano para que nadie, ni siquiera el silencio, se percate de mi sufrimiento. Comprendo así que el dolor no llega a desaparecer del todo sino que te ataca cuando eres vulnerable, cuando te sientes frágil, cuando no puedes contigo mismo. De esa forma, aprovecha para abrir heridas que parecían haber cicatrizado… pero ni mucho menos. Aprieto mis dientes para liberar mi rabia por no haber podido controlar la noche y que las circunstancias me hayan dominado a mí. Las pocas fuerzas que me quedan acaban desvaneciéndose y cierro los ojos por un instante.

Sentado y apoyado contra la puerta del lavabo vuelvo a mirar el reloj: Las 8:48 A.M. “¿Qué hago aquí?” – me pregunto desorientado mientras mi mano recorre mi frente intentando aliviar el mareo producido por la resaca. Sin duda, he vuelto a perder la noción del tiempo pero no de la realidad: el desconsuelo me ha abrazado mientras era víctima del cansancio y dormitaba ajeno a cualquier circunstancia. Me levanto apoyándome en el retrete y me dirijo a mi habitación. Me desnudo y me meto en la cama. Una fina sábana cubre mi cuerpo. Hace frío, pero no me importa porque lo único que viene a la mente es que mi alma no tiene con qué protegerse ante este mundo problemático. Sólo me queda la esperanza de que este caos nocturno termine cuanto antes, abandone mi conciencia, a ser posible, YA.

4 comments so far

  1. La chica de ayer on

    CUÁNTAS NOCHES DE DESCONSUELO HABREMOS PASADO MÁS DE UNO/ A????

  2. acoolgirl on

    Sentirse asi, de vez en cuando… es algo natural.. ¿Quien no lo habra hecho???

    De todas maneras, dormir es una de las mejores curas… para todo!!

    Un besazooo

  3. Perdida on

    Todo pasa, hasta las peores tormentas, alguna vez te lo he dicho? pronto las nubes se alejarán, aunque ahora pinten tu cielo de negro, el azul siempre vuelve, siempre.

    un besote^^

  4. aran on

    Cu-cú, Ya estoy aquí de nuevo!! Siento la ausencia temporal sin previo aviso, el trabajo lleva un par de semanas desbordándome y mis vecinos han decidido, no se porqué, pornerse contraseña en el wifi. Todo eso me ha tenido un poco alejada.
    Sobre tu post… La verdad es que he tenido decenas, por no decir cientos, de esos momentos. Por una persona, por varias, por mi misma, por cosas que pasan.. a veces los necesito, otras, simplemente me invaden.

    Un besito fuerte peke


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